Lic. Ana C. Mori
En las últimas décadas, hemos asistido a grandes transformaciones a nivel mundial, y una de las centrales tuvo que ver con las comunicaciones. La aparición de Internet en los años 60 ha sido la revolución central del siglo XX. Como en cualquier revolución, los primeros tiempos resultan caóticos, se cambian las bases y los paradigmas vigentes, todo parece inestable y los procesos se modifican, entre otras cosas. Sin embargo, como toda revolución, luego de este “caos” se llega a una estabilidad e incluso se evoluciona sobre las nuevas bases vigentes. Estamos hoy en esta etapa del fenómeno, aunque los cambios no han cesado, el más radical fue la aparición de este nuevo medio de comunicación. Hoy sólo se transforma y el principal desafío tiene que ver con la adaptación constante requerida por la propia rapidez de las innovaciones.
El punto central a destacar son las modificaciones que este nuevo medio supone a nivel comunicacional, ya que desde su comienzo hasta la actualidad, con la web 2.0, lo que ha variado sustancialmente es la forma de la distribución de la información. Con el siguiente gráfico será posible identificar claramente lo mencionado:
Red Centralizada // Red Descentralizada // Red Distribuida
Fuente: De Ugarte David, El Poder de las Redes.
La red centralizada claramente corresponde al primer período, donde desde un círculo reducido se distribuía la información a los diferentes nodos. La red descentralizada corresponde a la apertura y comercialización, que si bien significó el acceso de forma masiva a Internet, la producción y distribución de los contenidos estaba sujeta a las grandes empresas de tecnología. En cambio, en la red distribuida que corresponde a la web 2.0, esos filtros intermedios son eliminados, y el rol principal pasa a tenerlo el usuario tanto en la creación como en la difusión de los contenidos; el usuario deja de ser un receptor pasivo de la información y ahora la genera, la reproduce y reacciona frente a ella.
Solo a fines informativos, en la actualidad se encuentra en desarrollo la llamada web 3.0, que es definida como una web capaz de interpretar e interconectar un número mayor de datos, lo que permitiría un avance importante en el campo del conocimiento.
Me centraré en la web 2.0 para referirme a las redes sociales como principal aplicación y a los dos fenómenos sociales y políticos que de ella se desprenden: la cibermilitancia y el ciberactivismo.
Sabemos que las redes sociales posibilitan la interacción con personas que de otra forma quizás nunca tendrían contacto y se van construyendo a medida que se va sumando más gente a la red. En general, el motivo por el que se suman individuos a una “comunidad virtual” es por compatibilidad de intereses u opiniones con los otros miembros, aunque esos comportamientos van modificándose tan constantemente como se agregan personas.
Dicho lo anterior, resulta simple identificar el primero de los fenómenos mencionados. Las redes resultan un terreno propicio para que los usuarios que comparten ideas y cosmovisiones puedan conectarse y difundir su mensaje, logrando movilizar, a favor o en contra, pero generando el debate al fin, en un terreno que a grandes rasgos resulta enormemente democrático para la discusión de ideas.
Cabe mencionar que dada la novedad del fenómeno, aún no puede mensurarse el alcance y sus resultados, por lo que los partidos han comenzado a apoyarse en este medio pero no se generaron todavía las transformaciones profundas a nivel organizacional, como se supone que ocurrirá en algunos años.
Es necesario distinguir de la cibermilitancia al ciberactivismo, ya que resultan diametralmente opuestos aunque utilicen el mismo medio. El ciberactivismo es un fenómeno que no tiene que ver con la movilización en torno a una coincidencia política o general, sino que resulta de la necesidad de los usuarios de distribuir la información de manera horizontal, desjerarquizarla y hacerla llegar a otros usuarios en iguales condiciones, muchas veces con el fin de generar convocatorias esporádicas en torno a una cierta causa, muchas otras, solo con el fin de informar.
A modo de conclusión, cabe destacar que si bien no resultan iguales, tienen una similitud que es fundamental: ambos llegan en mayor medida a los jóvenes por ser los principales usuarios, lo que genera hoy una enorme participación por parte de este sector de la población. En este punto resulta un desafío el aprovechar de manera positiva este medio tanto desde los partidos como desde los usuarios para la construcción de un nuevo espacio cada vez más democrático que suponga la inclusión y participación de todos los sectores de la población en la vida pública.
